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Cuando veas arder a Líbia

lunes, 7 de marzo de 2011.

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En 1984 viajo durante horas por desiertos libios que parecen paisajes lunares hasta complejos de cabrias y refinerías semejantes a estaciones espaciales. De allí salen cada día 1.600.000 barriles de petróleo que mantienen funcionando a Europa. Libia tiene reservas estimadas en 42 mil millones de barriles. Las potencias hegemónicas viven del constante derroche de la energía fósil que no poseen. En lugar de habilitar energías alternativas, la saquean a países que sí la tienen. Cuídate de la malignidad de aquél a quien favoreces, reza el proverbio libio. La primera condición que debe cumplir hoy un país para ser invadido es tener hidrocarburos o ser zona de paso de éstos.

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En 1836 Libia es asaltada por turcos, en 1912 invadida por italianos, en 1943 conquistada por ingleses, en 1951 ocupada por tropas británicas, estadounidenses e italianas que sostienen al títere rey Idris, quien acapara los crecientes ingresos petroleros. En 1969 Muammar Kadafi, un coronel de 27 años, comanda una rebelión militar que expulsa las bases extranjeras, crea en 1970 la Compañía Nacional de Petróleo que domina la mitad de la producción, y en 1977 proclama la Gran República Popular Socialista Árabe de la Jamahiriya. Cuando el ganado cae, lucen los cuchillos, advierte el refrán libio. La segunda condición para que un país sea invadido es que asuma el control de sus recursos naturales.

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En 1984 asisto en Trípoli al 15 aniversario de la Jamahiriya. Presencio multitudinarias asambleas populares donde se debaten y aparentemente se resuelven problemas. El Libro Verde se presenta como la Tercera Teoría Universal, y proclama la iniciativa y primacía de las organizaciones de base. Afirma que “la democracia es el poder del pueblo y no el poder de un sustituto del pueblo”. Asevera que “la representación es una impostura”. Proclama que “el partido representa sólo a una fracción del pueblo, mientras que la soberanía popular es indivisible”. Aduce que “los congresos populares son el único medio de la democracia popular”. El pueblo se divide en congresos populares de base; cada congreso elige un comité que lo dirije y el conjunto de comités forman los congresos populares. En las calles las damas usan velo, pero en los desfiles batallones femeninos lucen magníficos rostros y cabelleras; hay mujeres científicos y muchachas pilotos de aviones de combate. Libia tiene para 2010 un PIB estimado de unos 76.557 mil millones de dólares, con incremento anual de 6,7%. Actualmente sus exportaciones anuales de unos 63.050 millones de dólares comparadas con sus importaciones de 11.500 millones le otorgan una balanza comercial ampliamente favorable y le posibilitan acumular reservas por unos 200.000 millones de dólares, que respaldan una insignificante deuda externa de 5.521 millones de dólares. Ello le reporta el mayor PIB per cápita (14.534$) y el mejor Índice de Desarrollo Humano en África. La expectativa de vida es de 74 años, la mortalidad infantil de 18 por l.000 y el analfabetismo de 5,5%; el gasto en Educación es del 2,7% del PIB mientras que el de Defensa no excede de 1,1% del PIB. Sin embargo, subsiste un 30% de pobreza. Quien no ayuda a su familia, no ayuda a nadie, enseña el proverbio libio. La tercera condición para ser invadido es apoyarse en las bases populares y redistribuir la riqueza social.

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La Jamahiriya no sólo aboga por la democracia directa. Es nacionalista, porque expulsa bases militares extranjeras y apropia recursos naturales. Es integracionista, pues apoya la Unión Africana y predica la coordinación o confederación del Mundo Árabe, una comunidad cultural de 339.128.336 habitantes distribuidos en tres continentes sobre 13.707.811 kilómetros cuadrados y que posee la mayoría de los recursos energéticos del planeta. Libia defiende estos recursos apoyando con firmeza las decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. En sus primeros tiempos la Jamahiriya es internacionalista. En la Conferencia sobre el 15 aniversario de Al Fatah en Trípoli intervienen un gigantesco dirigente de los indígenas en Estados Unidos, quien denuncia duramente el genocidio contra su pueblo; el reverendo afroamericano Farrakah, quien amenaza a la potencia norteña con tormentas, granizo y guerra nuclear; el comandante Tomás Borge, quien rechaza humanísticamente cualquier hipótesis que lleve al holocausto atómico, delegados de Al Fatah que nos reúnen en sesión aparte para explicarnos las diferencias internas en su movimiento. Esta solidaridad atrae la condena unánime de las potencias que luchan por desintegrar el resto del planeta. Una mano sola no aplaude, reflexiona el aforismo libio. La cuarta condición para ser invadido es predicar la integración del Tercer Mundo.

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En un oasis frecuentado por camelleros almuerzo cordero asado. El 90% de los seis millones de libios son musulmanes. Como en los restantes países islámicos, a las diferencias entre clases e ideologías se superponen las de parcialidades religiosas y a éstas las de sectas y clanes y etnias y regiones y generaciones, más las divergencias con más de medio millón de inmigrados. Demasiados capitanes hunden el barco, reza el dicho libio. La quinta condición para ser invadido es que los agresores dividan para imperar.

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Durante el 15 aniversario de la Jamahiriya veo pasar a poca distancia a Kadafi. Es para entonces un joven con sobrio uniforme verde, que habla y discute animadamente con la multitudinaria asamblea. Pocos seres han sido más adulados por las potencias para comprarle petróleo, pocos más satanizados por los medios de ellas para despojarlo de él. Tribunales internacionales sordos, ciegos y mudos ante la impunidad del terrorista Posada Carriles condenaron a Libia por la supuesta voladura de un avión en Inglaterra. Kadafi pagó bajo protesta las indemnizaciones del caso. Sin previa declaratoria de guerra, la administración Reagan viola el espacio aéreo en el golfo de Sirte en 1981 y en 1986 bombardea Trípoli, arrasa la residencia de Kadafi, le asesina una hija y cerca de un centenar de compatriotas. Las mismas agencias noticiosas que celebraron ese genocidio deploran ahora supuestos bombardeos contra manifestantes. Telesur envía dos equipos al área, que no encuentran rastros de bombardeos. El ejército ruso demuestra con imágenes satelitales que tales ataques no ocurrieron. Sí hay nutridos intercambios de fuego entre leales y sublevados. Éstos no son, por tanto, manifestantes inermes. Las agencias de Estados Unidos, cuyo ejército es de mercenarios, mienten que los defensores del gobierno son “mercenarios”. Entre su repertorio de disparadores de pánico no dejan de invocar las “armas químicas” ya atribuidas a Irak. Quien replica al león, tiene mal aliento, advierte el proverbio libio. La sexta condición para ser invadido es ser demonizado por las agencias internacionales.

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La tormenta informativa se traduce en falta de información ¿Qué sucede realmente en Libia? ¿Siguen funcionando las organizaciones populares, o son desplazadas por clases políticas? ¿Sustituye la representación a la participación? ¿Es creíble que aumenten al unísono el Índice de Desarrollo Humano y el descontento social? ¿Ha cedido Kadafi ante el acoso de imperios y transnacionales? ¿Es sincera la enemistad con Libia de potencias que durante cuarenta años le han comprado petróleo y vendido armas? Durante ese lapso los omnipresentes medios omiten toda explicación. Mientras mandatarios de Estados Unidos y monopolios mediáticos se deshacen en elogios a favor de los sublevados ¿qué defienden éstos? ¿qué planean? ¿qué proponen? Las únicas credenciales del FNSL consisten en haber realizado un “Congreso Nacional” en Estados Unidos en 2007, financiado por la NED. Todos los medios del mundo esperan para difundir sus planes. Si no los declaran, es porque no los tienen o son inconfesables. Si se oponen a Kadafi ¿privatizarán los hidrocarburos? Si en verdad tienen apoyo popular ¿para qué necesitan la aplastante intervención de la primera potencia militar del mundo? Si desean el bien de su país ¿por qué lo exponen a la aniquiladora invasión de imperios extranjeros? No busques el placer en la desgracia de otro, aconseja la máxima libia. La séptima condición para ser invadido es ser falsificado por la desinformación.

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Estados Unidos bloquea con portaaviones nucleares la costa libia y confusos despachos afirman que desembarca “asesores” armados hasta los dientes, mientras pacta contubernios de salteadores con la Unión Europea y un helicóptero militar de la OTAN es capturado en flagrante violación de la soberanía del país árabe. Walter Martínez revela que la London School of Economics preparaba el relevo de la dirigencia del país agredido: cuatrocientos becados libios eran adiestrados en las excelencias del neoliberalismo salvaje. Como en una pesadilla vemos repetirse la situación iraquí. El plan es robar el petróleo libio para con él lanzar un dumping que arruine y desarticule los gobiernos de la OPEP. La única política estadounidense es el saqueo global de hidrocarburos, lo cual a la larga conduce al bloqueo energético de las restantes potencias y a la Guerra Mundial. Venezuela propone una mediación, que Kadafi y la Liga Árabe aceptan, y el ALBA convoca una reunión plenaria para discutir la situación. La carga compartida pesa menos que una pluma, reza el apotegma libio. Cuando veas un país del Tercer Mundo arder bajo la agresión imperial, pon tu solidaridad en remojo.

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Libia y la UE, una relación de intereses y doble moral

Por mucho tiempo, el bloque europeo no sólo ignoró los horrores en el país africano, sino que incluso le vendió armamento

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MADRID.— Durante décadas, la Unión Europea (UE) ha mantenido una doble moral en su relación con el resto de los países del norte de África. Por un lado ha enarbolado la bandera de los derechos humanos y ha defendido a capa y espada a los regímenes democráticos; pero, por el otro, ha tolerado férreas dictaduras con tal de conseguir importantes intercambios comerciales. El caso del dirigente de Libia, Muammar Gaddafi, ha sido un claro ejemplo de ello.

Durante sus más de 41 años al frente de un país del que se ha convertido en dueño y señor, han sido muchos los líderes europeos que no han tenido ningún problema de conciencia en hacer negocios con él.

Saben que Libia, además de ser el país más rico del norte de África, es, según la Comisión Europea el decimoctavo país del mundo en producción de petróleo, el octavo en reservas (con 44 mil 300 millones de barriles por extraer) y cada día obtiene 1.65 millones de barriles (desde el estallido de la crisis la producción se ha reducido en 500 mil barriles diarios).

Y aunque también saben que Gaddafi es un dictador, que llegó hace 42 años al poder mediante un golpe de Estado, que gobierna violando los derechos humanos y que en los años 70, 80 y 90 financió y armó varios grupos terroristas que operaron en Europa y que hoy reprime a su población a sangre y fuego, lo olvidan ante la necesidad de importar el petróleo y el gas que sus países no producen.

Todo ello explica por qué la UE ha tardado tiempo en sancionar al líder libio congelando sus bienes y bloqueando sus cuentas corrientes en respuesta a la represión de las revueltas ciudadanas en su contra en las que ya han muerto 6 mil personas, según la Liga Libia de Derechos Humanos.

Los países del viejo continente no sólo han comprado petróleo a Gaddafi, sino que incluso le han vendido las armas con las que ahora está masacrando a su población. Es el caso de Bélgica, cuya empresa FN Herstal vendió a Gaddafi en 2009 un lote de fusiles de asalto, ametralladoras y granadas que, según la Liga para la Defensa de los Derechos Humanos, estarían siendo usados directamente para disparar contra los manifestantes, a pesar de que el contrato de venta especificaba —como suele ser habitual en este sector— que estaban destinadas al Batallón 32 de las fuerzas de élite libias, encargadas de proteger los envíos humanitarios a la región sudanesa de Darfur.

También España firmó, en 2007, acuerdos para vender armas a Trípoli por 2 mil 100 millones de dólares y confiaba en cerrar contratos por 17 mil 200 millones, según revela un cable de WikiLeaks despachado por el embajador de Estados Unidos en Madrid y difundido recientemente.

Aceptado por todos

Fue en la década de los 90 cuando Libia normalizó sus relaciones con la comunidad internacional. Gaddafi anunció que destruía sus armas de destrucción masiva y se comprometía a colaborar en la lucha contra el terrorismo islámico. Las Naciones Unidas, el Consejo Europeo y Estados Unidos —entonces presidido por George Bush—, levantaron sus sanciones económicas. Libia dejó de pertenecer al considerado “eje del mal” y los países europeos perdonaron el pasado terrorista de Gaddafi y su presente como dictador.

La UE se convirtió en el principal destino del petróleo de Libia, país que hoy en día es el principal suministrador del bloque, con el 90% del total de sus exportaciones.

En el año 2004, tras la invasión de Estados Unidos en Irak, Gaddafi pasó, de ser el “perro loco de Medio Oriente”, como le llamaba el ex presidente estadounidense Ronald Reagan, al invitado de honor de los principales líderes europeos. Viajó y extendió sus lujosas jaimas (casas de campaña) en Bruselas (Bélgica), sede del Parlamento Europeo, en Italia, en Francia, en España y en Rusia. E incluso el rey Juan Carlos le visitó en el 2009.

En el año 2008, consciente de la dependencia de Libia en materia energética, la UE comenzó las negociaciones para la firma de un acuerdo de asociación entre ambos semejante al firmado con otras naciones.

La única diferencia estribó en que al régimen de Gaddafi no se le exigió firmar una cláusula de respeto a los derechos humanos ni de democratización. Y las pláticas giraron únicamente en torno a tres pilares: las relaciones políticas, la energía y la inmigración.

El poder de las inversiones

Así, varios países europeos se convirtieron en los principales socios económicos del dictador libio. Como Italia, cuyo primer ministro, Silvio Berlusconi, ha sido hasta ahora el mejor amigo de Gaddafi y el principal inversor en el país africano, seguido de Alemania, España, Turquía y Francia. Berlusconi visitó ocho veces Libia y recibió las jaimas del libio en Italia en cuatro ocasiones. Además, en 2008 firmó el Tratado de la Amistad —hoy suspendido— con el líder libio, y se convirtió en su máximo defensor. Gaddafi se comprometió no sólo a seguir proporcionando crudo al italiano, sino a frenar la salida de inmigrantes hacia el país europeo.

También el líder libio se ha aprovechado de esta situación y ha utilizado sus empresas familiares y el dinero obtenido con la venta del petróleo para invertir en Europa y para remodelar su país con la ayuda de empresas extranjeras. A través de un fondo de inversión llamado Lybian Investment Authority, ha invertido en sectores tan dispares como la construcción, las infraestructuras, la banca, el transporte y hasta los medios de comunicación.

Y en la actualidad posee desde un grupo editorial en el Reino Unido hasta unos terrenos en el sur de España, un banco y una empresa de fabricación de armas en Italia, aunque ahora sus bienes en todos estos países están embargados. Lo que es peor, la población libia está siendo masacrada con las armas que le vendieron a Gaddafi países que hasta hace poco lo veneraban.

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Las revueltas árabes y el petróleo

domingo, 6 de marzo de 2011.

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Robert Samuelson

NUNCA HA DE SUBESTIMARSE LA capacidad de EEUU para negar la realidad. Tras décadas de advertencias, la revuelta egipcia nos recuerda cosas que nos hemos empeñado sistemáticamente en ignorar: que aún no se atisba el momento en que Estados Unidos y el resto del mundo vayan a dejar de depender del petróleo; que los mercados mundiales de crudo están sujetos a crisis políticas que no se pueden predecir; y que no se han adoptado las medidas necesarias para limitar (o incluso eliminar) nuestra vulnerabilidad frente a los grandes cortes en el suministro de petróleo.

Aún no está claro cuáles serán los efectos de la crisis egipcia en los mercados de crudo. Espoleados por un invierno frío y la fuerte demanda de los países emergentes, los precios del petróleo ya estaban en alza antes de que los egipcios se echaran a las calles. Después de que durante la mayor parte de 2010 el galón de petróleo (unos 3,8 litros) se hubiera mantenido en un precio medio de 2,8 dólares, el pasado mes de diciembre el precio del galón de gasolina superó en Estados Unidos la barrera de los tres dólares. Los precios se incrementaron aún más con la revuelta egipcia, aunque estas subidas no duraron mucho. Al fin y al cabo, Egipto sólo produce 700.000 barriles de petróleo al día. No es mucho si se tiene en cuenta que la demanda mundial de crudo asciende a 90 millones de barriles por día.

Pero el transporte de crudo supone un riesgo mucho mayor. Por el canal de Suez y el oleoducto Sumed (que conecta el Mediterráneo con el mar Rojo) pasan diariamente tres millones de barriles de petróleo hacia Europa. Si estas vías fueran bloqueadas, los precios del petróleo subirían con toda seguridad, aunque se podría solucionar la situación; bien cambiando los itinerarios de los petroleros, bien aumentando el tráfico en otros oleoductos.

El auténtico problema estallaría si se produjera una cascada de revueltas que detuviera la producción de los principales países petroleros: Arabia Saudí (cuya producción actual asciende a 8,5 millones de barriles al día), Kuwait (2,3), Irán (3,7), Iraq (2,4) o Argelia (1,3). Esta amenaza persistirá con independencia de cuál sea el desenlace de las actuales revueltas en el mundo árabe.

¿Y qué podemos hacer? Por lo pronto, dos cosas: disminuir nuestro consumo de petróleo, a poder ser mediante un incremento de los impuestos sobre la gasolina, e incrementar nuestra producción de crudo, a poder ser mediante una relajación de la actual legislación. El Gobierno de Obama no está haciendo ninguna de las dos cosas. En vez de ello está favoreciendo el objetivo de que en 2015 haya en las carreteras 1,5 millones de coches híbridos eléctricos. Esto se parece más a una campaña de relaciones públicas que a una acción política seria, ya que las cifras no son realistas. Y aunque se alcanzara el millón de vehículos eléctricos, la disminución del consumo de crudo sería ridícula, tal vez de unos 40.000 barriles al día, o lo que es lo mismo, en torno a un quinto del 1% del consumo de petróleo diario de Estados Unidos, que es de 19 millones de barriles.

Por el contrario, el Gobierno estima que en 2012 se dejarán de producir 200.000 barriles al día por las restricciones que existen para la realización de prospecciones petrolíferas en el golfo de México. El Gobierno ha sido demasiado estricto tras el desastre ecológico de la plataforma Deepwater Horizon, y tampoco ha habido demasiado interés en realizar perforaciones en alta mar, a pesar de que las previsiones han mejorado.

Un incremento en los impuestos a la gasolina (que habrían de introducirse poco a poco, para no perjudicar la recuperación económica) haría más difícil que se produjeran bruscas oscilaciones en el precio del crudo, y llevaría a los ciudadanos a adquirir los vehículos energéticamente más eficientes que las compañías están fabricando por orden del Gobierno.

Nuestra dependencia del petróleo es cada vez más fuerte, y lo que debemos hacer es moderar esta adicción, ya que no podemos frenarla. Un reciente estudio de ExxonMobil sostiene que el número de vehículos ligeros de transporte se incrementará un 50% en 2030 (hasta los 1.200 millones de unidades), y que la mayoría seguirá usando gasolina. Parece claro que la lucha por el control de las reservas mundiales de petróleo se hará más encarnizada. No podemos escapar a esa realidad, aunque pretendamos ignorarla.

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Chevron: un vuelo rasante del águila imperial

Por Silvio González (Prensa Latina*)

La Habana, (PL) La trasnacional del petróleo Chevron es la segunda empresa que obtiene mayores ganancias en Estados Unidos, solamente precedida por la gigante General Electric, según su más reciente informe anual.

Los medios de prensa silencian que las operaciones de este consorcio afectan a centenares de vidas, o que sus ganancias se utilizan para llevar a cabo guerras sangrientas, destruir comunidades, afectar al medio ambiente y, especialmente, para silenciar a sus opositores.

La Chevron tiene refinerías, grandes depósitos de combustibles, miles de kilómetros de tuberías conductoras, plataformas de perforación en el mar, minas de carbón, plantas químicas y todo un gran entramado para enriquecerse sin ningún tipo de miramiento sobre una impronta de abusos dejados a su paso.

El impacto ecológico de esta poderosa trasnacional se hace sentir en Alaska, California, Colorado, Florida, la Costa del Golfo de México, Mississippi, Nueva Jersey, Nueva York, Utah y Wyoming apunta el sitio Censorship in America.

Internacionalmente opera también en Angola, Myanmar, Canadá, Chad, Camerún, Ecuador, Iraq, Kazajstán, Nigeria, y Filipinas.

Cincuenta millones de indígenas pertenecientes a más de 671 pueblos autóctonos de América Latina sufren la grosera imposición por empresas trasnacionales de actividades contaminantes.

Entre ellas están la minería y extracción petrolera, que contaminan terrenos y fuentes de agua potable, así como la indiscriminada tala de árboles, que acaba con los bosques, apunta el New York Times.

Juicio en Ecuador

El "juicio del siglo", como se conoce a la demanda por contaminación ambiental que enfrenta la petrolera estadounidense Chevron en Ecuador parece llegar a su fin tras la sentencia emitida el 14 de febrero último por el juez Nicolás Zambrano, de la Corte de Sucumbíos.

En temas ambientales, este juicio es uno de los más significativos de todos los procesos iniciados por daños al medio ambiente a nivel mundial.

Tras 28 años de operaciones en Ecuador, con 339 pozos perforados en 15 campos petroleros, Texaco (posteriormente adquirida por Chevron) se retiró del país en 1992.

Sus acciones contaminantes consistieron en verter 18 mil millones de barriles de agua tóxica en la Amazonia ecuatoriana y dejar 627 piscinas con desechos tóxicos.

Eso ocasionó un desastre ecológico, silenciado durante años por la prensa estadounidense, y afectó a unas 30 mil personas.

La decisión judicial de febrero último condena a la petrolera a pagar 10 mil millones de dólares por los daños ambientales causados en la Amazonia ecuatoriana entre 1964 y 1992, durante la explotación petrolera que la empresa Texaco, adquirida por Chevron, realizara en Ecuador.

"En este juicio no hablamos de daños provocados por accidentes, hablamos de daños a las personas y a la ecología intencionalmente", alegó Luis Yanza, presidente del Frente de Defensa de la Amazonia, agrupación de comunidades indígenas y campesinas que demandan a la empresa.

En el 2003 se inició el juicio contra Chevron en la Corte Superior de Nueva Loja, en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos.

Los "trucos sucios" de la trasnacional llegaron al extremo de mencionar supuestos informes de inteligencia militar para presentar a los demandantes como peligrosos terroristas.

Juicio en Estados Unidos

En 1993, los afectados por Texaco presentaron una demanda en una corte federal de Nueva York donde acusaron a la empresa de contaminar el medio ambiente y afectar la salud de las comunidades al utilizar tecnología de perforación en mal estado y hasta obsoleta.

Una década después, en el 2003, la Corte de Apelaciones de Nueva York ordenó a Chevron, someterse a la jurisdicción de una corte ecuatoriana.

La petrolera reaccionó con ataques diversos.

Apeló ante la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, donde logró a principios de febrero prohibir la aplicación de cualquier sentencia emitida contra la empresa en Ecuador.

La decisión de la Corte le ordena arbitrariamente a Ecuador adoptar todas las medidas que estén a su disposición para suspender la aplicación de cualquier sentencia contra la petrolera.

Lo mismo logró la empresa en una Corte Federal de Nueva York el 8 de febrero del 2011, cuando el juez Lewis Kaplan estableció que durante un tiempo no podría ejecutarse fallo alguno sobre el caso emitido en Ecuador.

La petrolera, el 1 de febrero del presente año, entabló un juicio en Nueva York contra 47 habitantes de la Amazonia que la denunciaron.

Además abrió litigios legales contra el equipo de abogados de los demandantes, sus asesores y los consultores científicos.

Arremetió también contra los técnicos, expertos y todos los que hayan colaborado en el juicio contra la trasnacional, incluyendo a organizaciones no gubernamentales, ambientalistas, laboratorios y hasta las firmas legales que apoyaron a los demandantes.

Incluso pretendió penalizar al productor del documental titulado "Crude", el realizador Joe Berlinger, que mostró al mundo el daño producido por las negligencias de esa empresa en la selva ecuatoriana.

Pablo Fajardo, abogado de los demandantes considera que es una más de las acciones fallidas de la transnacional para evitar pagar por los daños ecológicos causados.

Este caso ya se ha convertido en una referencia para futuros procesos legales por daños ambientales en todo el mundo.

"En Nigeria se estaba esperando esta sentencia porque tienen una situación similar", asegura Fajardo.

(*) El autor es jefe del Departamento de Difusión de Prensa Latina.

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¿Qué pasa con Libia?

por Santiago Alba Rico*, Alma Allende|REDVOLTAIRE

Gadafi, el líder libio que lleva 42 años en el poder sin ocupar cargo oficial dentro de la estructura estatal en su país, y actualmente, en grandes dificultades por un levantamiento popular masivo, dejó hace tiempo de ser un líder progresista para convertirse poco a poco en un compinche más en negocios de los grandes capitalistas occidentales quiénes lo bendijeron y apadrinaron en su transformación. Desde entonces el nepotismo del clan Gadafi ha ido en auge pero también la desilusión de la población libia con su líder.

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Ciudadanos árabes protestando con pancartas y afiches en las calles contra el dictador Gadafi.

Tenemos la impresión de que un gran proceso emancipatorio mundial puede verse abortado por la implacable ferocidad de Gadafi, la intervención estadounidense y la poca clarividencia de América Latina.

Describiríamos así la situación: en una zona del mundo ligada de nuevo por fuertes solidaridades internas y de la que sólo se esperaba letargo o fanatismo ha surgido una oleada de levantamientos populares que amenaza con hacer caer, uno detrás de otro, a todos los aliados de las potencias occidentales en la región.

Con independencia de las muchas diferencias locales, estos levantamientos tienen algo en común que, por cierto, los distingue radicalmente de las «revoluciones» rosadas y naranjas promovidas por el capitalismo en la órbita ex soviética: demandan democracia, sí, pero lejos de estar fascinadas por Europa y los EEUU son depositarias de una larga, arraigada, radical tradición antiimperialista forjada en torno a Palestina e Iraq.

No hay en los levantamientos populares árabes ni asomo de socialismo, pero tampoco de islamismo ni -lo más importante- de seducción eurocéntrica: se trata al mismo tiempo de una revuelta económica y de una revolución democrática, nacionalista y anticolonial, lo que abre de pronto, cuarenta años después de su derrota, una inesperada oportunidad para las izquierdas socialistas y panarabistas de la región.

La América Latina progresista, cuyos pioneros procesos emancipatorios constituyen la esperanza del antiimperialismo mundial, debería apoyar en estos momentos al mundo árabe sin reservas, adelantándose a la estrategia de las potencias occidentales, desbordadas por los acontecimientos y a las que Gadafi está dando la oportunidad de un regreso -militar quizás, pero sobre todo propagandístico- como paladín de los derechos humanos y la democracia.

Ese discurso es poco creíble en esta zona del mundo, donde Fidel y Chávez gozan de un enorme crédito popular, pero si América Latina se alinea, por activa o por pasiva, con el tirano, no sólo los contagiosos avances populares, que lamen ya Europa y se han trasladado a Wisconsin, se verán irremediablemente detenidos, sino que se producirá una nueva fractura en el campo antiimperialista que los EEUU, siempre vigilantes, relojeros del mundo, aprovecharán para recuperar el terreno perdido.

Algo de eso puede estar ya ocurriendo como resultado de una combinación de desconocimiento y de antiimperialismo esquemático y sumario. Los pueblos árabes, que vuelven a la escena de la historia, necesitan el apoyo de sus hermanos latinoamericanos, pero es sobre todo la relación de fuerzas mundial la que no puede permitirse una vacilación por parte de Cuba y Venezuela sin que Cuba y Venezuela sufran también las consecuencias y las sufran con ellos América Latina y las esperanzas de transformación a nivel planetario.

Podemos alegar que sabemos poco de lo que ocurre en Libia y sospechar de las condenas occidentales, mediáticas e institucionales, de los últimos días. Podemos quedarnos en eso. Los imperialistas son más inteligentes. Ellos, que tienen muchos intereses concretos en la zona, han defendido hasta el final a sus dictadores, pero cuando han comprendido que eran insostenibles los han dejado caer y han elegido otra estrategia: apoyar procesos democráticos controlados, seleccionar minorías postmodernas como motor de cambios limitados y desplegar sin pudor, a sabiendas de que la memoria es corta y los reflejos de la izquierda muy inmediatos, un nuevo arco iris de retórica democrática.

Habrá que oponerse a cualquier injerencia occidental, pero no creo, sinceramente, que la OTAN vaya a invadir Libia; lo que sí nos parece es que esta amenaza, apenas apuntada, tiene el efecto de enredar y emborronar el campo antiimperialista, y esto hasta el punto de hacernos olvidar algo que sí deberíamos saber: quién es Gadafi. Olvidarlo puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y «represtigiar» el muy dañado discurso democrático imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la región.

Gadafi ha sido durante los últimos diez años un gran amigo de la UE y de EEUU y de sus dictadores aliados en la zona. Baste recordar las incendiarias declaraciones de apoyo del Calígula libio al depuesto Ben Alí, a cuyas milicias muy probablemente proporcionó armas y dinero en los días posteriores al 14 de enero. Baste recordar también la dócil colaboración de Gadafi con los EEUU en el marco de la llamada «guerra antiterrorista».

La colaboración política ha ido acompañada de estrechos vínculos económicos con la UE, incluida España: la venta de petróleo a Alemania, Italia, Francia y EEUU ha sido paralela a la entrada en Libia de las grandes compañías occidentales (la española Repsol, la británica British Petroleum, la francesa Total, la italiana ENI o la austriaca OM), por no hablar de los suculentos contratos de las constructoras europeas y españolas en Trípoli. Por lo demás, Francia y EEUU no han dejado de proporcionarle armas para que ahora mate desde el aire a su propio pueblo, siguiendo el ejemplo de la Italia imperial desde 1911. En 2008 la ex secretaria de Estado Condoleeza Rice lo dejó muy claro: «Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia».

Cuando Gadafi visitó Francia en diciembre de 2007, Ayman El-Kayman resumió la situación en un párrafo que reproduzco aquí:

«Hace casi diez años, Gadafi dejó de ser para el Occidente democrático un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus “armas de destrucción masiva”, además de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unión Europea, se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí, le entregó a opositores refugiados en Libia».

Como se ve, Gadafi no es ni un revolucionario ni un aliado, ni siquiera táctico, de los revolucionarios del mundo. En 2008 Fidel y Chávez (junto a Mercosur) denunciaron justamente la llamada «directiva de la vergüenza» europea que reforzaba la ya muy severa persecución en Europa de la humanidad desnuda de las pateras y los muros. De todos los crímenes de Gadafi quizás el más grave y el menos conocido es su complicidad en la política migratoria de la UE, particularmente italiana, como verdugo de emigrantes africanos. Quien quiera una amplia información sobre el tema puede leer Il Mare di mezzo, del valiente periodista Gabriele del Grande, o acudir a su página web, Fortresseurope, donde se recogen algunos documentos espeluznantes.

Ya en 2006 Human Rights Watch y Afvic denunciaban los arrestos arbitrarios y torturas en centros de detención libios financiados por Italia. El acuerdo Berlusconi-Gadafi de 2003 puede leerse completo en la página de Gabriele del Grande y sus consecuencias se resumen sucinta y dolorosamente en el grito de Farah Anam, fugitiva somalí de los campos de la muerte libios: «Prefiero morir en el mar que regresar a Libia».

A pesar de las denuncias que hablan de verdaderas prácticas de exterminio -o precisamente por ellas, que demuestran la eficacia de Gadafi como guardián de Europa- la Comisión Europea firmó en octubre una «agenda de cooperación» para la "gestión de los flujos migratorios” y el «control de las fronteras», válido hasta 2013 y acompañado de la entrega a Libia de 50 millones de euros.

La relación de Europa con Gadafi ha rozado la sumisión. Berlusconi, Sarkozy, Zapatero y Blair lo recibieron con abrazos en 2007 y el propio Zapatero lo visitó en Trípoli en 2010. Incluso el rey Juan Carlos se desplazó a Trípoli en enero de 2009 para promocionar a las empresas españolas. Por otro lado, la UE no dudó en humillarse y disculparse públicamente el 27 de marzo de 2010 a través del entonces ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, por haber prohibido a 188 ciudadanos libios la entrada en Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia por la detención de un hijo de Gadafi en Ginebra acusado de maltratar a su personal doméstico. Aún más: la UE no emitió la menor protesta cuando Gadafi adoptó represalias económicas, comerciales y humanas contra Suiza ni cuando efectuó un llamamiento a la guerra santa contra este país ni cuando declaró públicamente su deseo de que fuera barrido del mapa.

Y si ahora estos amigos imperialistas de Gadafi -que ven cómo el mundo árabe se voltea sin su intervención- condenan la dictadura libia y hablan de democracia, entonces nosotros vacilamos. Aplicamos las plantillas universales de la lucha antiimperialista, con sus teorías de la conspiración y su paradójica desconfianza hacia los pueblos, y pedimos tiempo para que se disuelva la nube de polvo que levantan las bombas lanzadas desde el aire -a fin de estar seguros de que debajo no hay un cadáver de la CIA. Eso cuando no apoyamos directamente, como el gobierno de Nicaragua, a un criminal cuyo contacto más liviano sólo puede manchar para siempre a cualquiera que se reclame de izquierdas o progresista.

No es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gadafi. «Fusil contra fusil» es la canción de la revolución; «misil contra civil» es algo que no podemos aceptar y que, aún antes de hacernos preguntas, debemos condenar con toda energía e indignación. Pero hagámonos también las preguntas. Porque si nos hacemos preguntas, las respuestas que tenemos -por pocas que sean- demuestran además de qué lado deben estar en estos momentos los revolucionarios del mundo.

Ojalá caiga Gadafi -hoy mejor que mañana- y América Latina comprenda que lo que ocurre en estos momentos en el mundo árabe tiene que ver, no con los planes maquiavélicos de la UE y EEUU (que sin duda maniobran en la sombra), sino con los procesos abiertos en Nuestra América, la de todos, la del ALBA y la dignidad, desde principios de los años 90, siguiendo la estela de la Cuba de 1958. La oportunidad es grande y puede ser la última para revertir definitivamente la actual relación de fuerzas y aislar a las potencias imperialistas en un nuevo marco global. No caigamos en una trampa tan fácil.

No despreciemos a los árabes. No son socialistas, no, pero en los dos últimos meses, de manera inesperada, han dejado al desnudo la hipocresía de la UE y los EEUU, han expresado su deseo de una democracia auténtica, lejos de todo tutelaje colonial, y han abierto un espacio para poner en dificultades desde la izquierda los intentos de reconversión, también territorial, del capitalismo. Es la América Latina del ALBA, la del Che y Playa Girón, cuyo prestigio en esta zona estaba intacto hasta ayer, la que tiene que apoyar el proceso antes de que el relojero del mundo vuelva a hacer girar las manillas hacia atrás y a su favor.

Los países capitalistas tienen «intereses»; los socialistas sólo «límites». Muchos de esos «intereses» estaban con Gadafi, pero ninguno de esos «límites» tiene nada que ver con él. Es un criminal y además un estorbo.

Por favor, compañeros revolucionarios de América Latina, los compañeros revolucionarios del mundo árabe están pidiéndo que no lo sostengáis.

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La gasolina supera los 1,30 euros por litro

sábado, 5 de marzo de 2011.

EL PAIS- Madrid

Barcos de guerra en el canal de Suez, explosiones en el desierto libio, refinerías custodiadas por milicianos... El temor a un súbito estrangulamiento de la oferta petrolera ha disparado los precios de la materia prima (el barril tipo brent rozó ayer los 117 dólares) y ha llevado el precio de los derivados, gasolinas y gasóleos a precios récord. Según los datos recopilados por Bruselas, con precios en vigor este pasado lunes, el litro de la gasolina 95 se vendió en las gasolineras españolas a un promedio de 1,31 euros, lo que supone un nuevo récord.

El incremento de la gasolina respecto a la semana anterior es notable, superior al 1,8%. Pero mayor aún es el incremento que registró el precio del gasóleo en una sola semana, según las cuentas de Bruselas. El pasado lunes, el promedio de las estaciones de servicio españolas marcaba 1,27 euros por litro, cuatro céntimos más que una semana antes. O lo que es lo mismo, un repunte del 2,6%. El nivel récord de gasóleo, alcanzado en julio de 2008, está ahora a menos de seis céntimos.

Y la escalada puede continuar. De acuerdo con la información que remiten las estaciones de servicio a Industria, el precio de la gasolina ronda ya los 1,33 euros por litro en varias provincias. Y el gasóleo se sitúa ya en la mayoría de las estaciones por encima de los 1,30 euros.

Con tal panorama, el presidente de la patronal de grandes constructoras, SEOPAN, David Taguas,sugirió ayer articular un impuesto "transitorio" sobre el consumo de combustible para reducir este y la factura energética.

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ONU incrementará tropas en región petrolera de Sudán

Jartum, (PL) La Misión de Naciones Unidas en Sudán incrementará sus tropas en Abyei tras los recientes choques registrados en esa región rica en petróleo, informó hoy un portavoz de esa organización.

  Según el vocero, una compañía militar se unirá a las cuatro ya estacionadas en esa región.

Abyei es considerado un importante punto en el conflicto sobre soberanía territorial que subsiste entre el norte y el sur del país.

Las autoridades de Sudán del Sur informaron este jueves que decenas de mujeres y niños abandonaron esa localidad, donde murieron por lo menos 100 personas en enfrentamientos entre las zonas norte y austral.

En este contexto, el 98,83 por ciento de los votantes en el referendo de autodeterminación de Sudán del Sur optó por la separación del Norte, según los resultados definitivos divulgados el pasado 7 de febrero.

De los tres millones 837 mil 406 votos validados, sólo 44 mil 888 (el 1, 17 por ciento) respaldaron el mantenimiento de la unidad con el Norte, reveló la comisión del plebiscito durante una ceremonia pública en esta capital el pasado 7 de febrero.

Está previsto que el nuevo Estado africano se proclame el 9 de julio próximo.

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