Sobreviví al desastre de la plataforma Usumacinta

viernes, 29 de octubre de 2010.

Esta es  la historia de un compañero que sobrevivió al desastre del choque de la plataforma Usumacinta con el pozo “Kab-101” en donde fallecieron 23 petroleros; cuenta los momentos desde el inicio sus labores, su pensamientos y la lucha por sobrevivir.

Actualmente muchos se encuentran en recuperación de las secuelas de aquel fatídico 22 de Octubre; esta es una de las historias como hay tantas que existen de cada uno de los sobrevivientes y rescatistas; a ellos nuestro sincero reconocimiento y admiración.

Esto nos hace recordar y estar consientes del mundo y los peligros a los que nos enfrentamos los trabajadores petroleros, sean de Pemex o compañía en esos momentos de crisis es cuando el compañerismo de todos pueden hacer la diferencia; para algunos tal vez seamos una ficha mas, pero para todos los que trabajamos en la industria petrolera, sabemos el valor que tiene cada uno de nosotros y de aquellos; “los olvidados e invisibles”…

Con honor y respeto…

image  Ilustraciones de Esteban Saldaña

Para: Compañeros de trabajo y todas las demás personas que están ligados a este ambiente marino petrolero.

De: Reyes Popo

Antes de que empiecen a leer esta experiencia que me tocó vivir y que únicamente con la gracia de Dios logré salir; quiero que sepan que aun permanezco en pie de lucha. Vaya para todos ustedes mi saludo y bendición donde quiera que estén.

Quiero que sepan que siempre había querido compartir con ustedes estos momentos de lucha por la vida; horas decisivas, que ponen a prueba tu capacidad de sobrevivencia, que todos tenemos una fuerza interior que nos mueve ante situaciones como la que viví, que yo la denomino como ese Ser Superior que es Dios que viene en nuestra ayuda y que mediante la oración de esos seres queridos que tenemos llámense familiares y amigos te mueven para que salgas adelante.

Estarán pensando que a Reyes se le “botó la canica” pero no, no saben ustedes cuanto imploré porque Dios me ayudara, y ahora después de analizar las condiciones tanto climáticas y físicas en las que me encontraba es esa mi explicación, que yo recibí ayuda extra.

Quiero que sepan que mi experiencia la pasé con otros tres compañeros mas, a los cuales les estaré eternamente agradecido, porque supieron darme esa ayuda y ánimo para no desfallecer.

Y a los compañeros caídos, ahora a casi tres años de su partida, un homenaje de sincero reconocimiento allá donde quiera que estén, que sepan que no se les olvidará y que siempre nos acompañaran en nuestro pensamiento, pidiendo por su eterno descanso, porque solo Dios sabe el cuándo y el por qué.

Actualmente continuo bajo tratamiento médico, los dos primeros años fueron de mucha lucha, pero por extraña coincidencia desde el pasado 23 de octubre de 2009 a la fecha he venido recuperándome, tomando mas fuerzas con la ayuda de mi familia y amigos y de personas que se han venido acercando a mi ofreciéndome su apoyo.

Mi salud ha venido cambiando, ahora más que nunca mi esposa e hijos son lo más importante, me he olvidado de lo material, siento que con lo que Dios me ha dado es suficiente y ahora miro hacia dentro de mí y creo la vida no se cuenta por lo pudiste hacer o juntar si no cuanto se puede dar de lo mucho que se ha recibido, esta también es una mis intenciones para el presente.

Disculpen la torpeza de mis palabras, pero crean que llevan mucha sinceridad y paz espiritual.

A todos los invito a seguir trabajando siempre poniendo en alto nuestra empresa, con mucha responsabilidad y honestidad.

Reciban un fuerte abrazo, y de vez en cuando mándenme un correo para saber cómo está por allá el área de plataformas.

Saludos.

Atte. Reyes Popo (para todos los amigos)

21/Octubre/2010

SOBREVIVI POR LA GRACIA DE DIOS

Iniciaré por relatar desde el día de mi cambio de guardia que no fue regular ya que subí un día después por motivos de mal tiempo y fue hasta el viernes 19 de octubre de 2007, cuando se me programó y esta vez no iba solo, ya que se encontraban unos compañeros en entrenamiento y uno de ellos me acompañó y juntos abordamos el helicóptero iniciando una catorcena que no sería tan larga como pensábamos. El transito del vuelo fue de aproximadamente 30 o 40 minutos cuando avistamos la plataforma a la que íbamos y nos dimos cuenta que ya iba en tránsito, navegando a la tira de tres remolcadores hacia la nueva localización. Bajó el helicóptero al helipuerto de la plataforma e hicimos el cambio de guardia, bajamos mi compañero y yo, y subió el relevo.

Una vez abordo nos dedicamos a informarnos hasta donde dejó avanzado el compañero relevo el trabajo de supervisión y continuar dándole seguimiento. Nos enteramos que iba a la localización Kab-101 una plataforma tipo “seapony” con un solo conductor y al cual arribaba una sola línea. También se nos informó que estaba anunciado un mal tiempo para el lunes y que al parecer venía muy fuerte, nunca nos imaginamos lo que ese “norte” nos depararía. El administrador de la plataforma nos dio alojamiento, una persona muy amable que incluso estuve en la misma cabina que él. Igualmente nos presentamos con el superintendente de Pemex y con todo el demás personal involucrado en estos movimientos.

El posicionamiento de la plataforma no se pudo hacer ese día ya que había un barco trabajando en la zona colocando unas boyas de señalamiento donde se encontraba el ducto por lo cual se pospuso el movimiento hasta el sábado. Esto motivó que pudiéramos conocer más al personal de la plataforma ya que el trabajo que hacemos es de escaso tiempo varia de 1 a 3 días y a menos que surjan complicaciones o que algún mal tiempo se interponga es como se prolonga; y al parecer veía que este iba a ser uno de esos. Hubo oportunidad de conocer y convivir un poco más con el superintendente de la compañía, capitán de la plataforma, médico de Pemex, personal de cocina, perforador, supervisor de contrato de Pemex, ingenieros de posicionamiento; por mencionar algunos.

Para el sábado por la noche la plataforma ya había quedado posicionada, por lo cual el trabajo de supervisión a nuestro cargo quedó terminado, quedando pendiente únicamente los documentos de entrega donde quedan asentadas las coordenadas de la nueva localización y firmar los involucrados de común acuerdo. Así también me reporté con mi departamento para que se me programara a otra embarcación junto con mi compañero aunque el inconveniente que teníamos era que estábamos demasiado alejados del área de plataformas donde hay mayor flujo de embarcaciones para que se nos pudiera trasladar. Como respuesta de nuestro departamento tuvimos que a la embarcaciones que estábamos programados ya había iniciado a levar anclas por el mal tiempo que se acercaba por lo cual se nos dio la opción de que si se nos daba alojamiento ahí en la plataforma permaneciéramos hasta que pasara el mal tiempo.

Llegó el domingo y como la plataforma aun no empezaba sus operaciones y la mayoría del personal no tiene actividades recuerdo que el medico programó unas pláticas sobre salud muy interesantes, de gran ayuda en nuestra vida diaria y nos mantuvo ocupados parte del día. Y así paso el día sin novedad ya preparados para pasar el mal tiempo; para mí algo normal después de tener la experiencia de muchos años y estar en tantas embarcaciones aunque diferente porque esta plataforma ya estaba posicionada y no se mueve como en la mayoría donde andamos que tienen propulsión propia o algunas barcazas que son remolcadas y si no alcanzan a entrar a puerto pues andaremos capoteando el mal tiempo hasta que pase y por ese lado aquí no andaría dando vueltas. Realmente nunca imaginé la magnitud de este mal tiempo uno de los primeros frentes fríos de la temporada que normalmente como son los primeros pasan muy rápido y muchas de las veces ni llegan a esta zona. Por lo cual en base a la experiencia pues no me preocupaba y sinceramente empezaba mi guardia así que esperaba que pasara pronto para trasladarme a otra embarcación y con este pensamiento me fui a descansar para esperar su arribo.

Lunes 22 de octubre de 2007, quedará grabado para siempre en mi mente, me levanté por la mañana y como normalmente busco tomar un café con unas galletas o pan y esperar hasta las 11 de la mañana hora en que abren el comedor y ya comer en forma. Ya para estas horas el norte ya lo teníamos encima serían las 9 de la mañana y escuché comentarios del personal de Pemex que la plataforma se estaba moviendo mucho, que la marejada y el viento habían incrementado y que se estaba desplazando mucho al área de pozos al cual iban a intervenir, el capitán de la plataforma había medido la velocidad del viento y andaba por los 120 km/hr y las olas calculaban de 8 a 10 metros, dentro de mí no quería preocuparme y tampoco a mi compañero así que permanecí callado confiando en que todo pasaría.

Dieron las 11 de la mañana y nos dirigimos al comedor; porque ya teníamos bastante hambre, tomando en cuenta que desde el día anterior no habíamos probado bocado, pero cuál va a ser nuestra sorpresa cuando escuchamos la alarma de emergencia la cual nos indicaba que debíamos acudir a nuestra cabina por nuestro chaleco salvavidas y reportarnos en las oficinas de la superintendencia y esperar a recibir indicaciones e informes de lo que ocurría. Yo me negaba a creer lo que pasaba, dentro de mi guardaba la esperanza de que no ocurriría nada; sin embargo me tuve que ubicar en la realidad y desgraciadamente era lo que me esperaba, ahora ya escuchaba un ruido ensordecedor que me decía que la plataforma había impactado con el pozo y este se había descontrolado provocando este sonido que jamás se me va a olvidar.

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Amontonados dentro del área habitacional se empezaron a oír gritos de que nos saliéramos, porque ahí dentro se percibía el olor a gas, independientemente del ruido del pozo, y que era mejor estar fuera así que todos nos dirigimos a la parte alta de la plataforma que es el helipuerto y ahí pudimos respirar aire más puro, aunque con una velocidad del viento demasiado fuerte, tanto que tuvimos que agarrarnos unos a otros. Estando ahí me pude dar cuenta de la realidad a la que nos enfrentábamos por un lado el pozo descontrolado provocando un ruido ensordecedor y con el mismo una nube de gas amarillo combinado con aceite que bañaba a toda la plataforma y que apenas pasaba a unos metros por encima de nuestras cabezas y por el otro las condiciones climáticas, un fuerte norte, trayendo como consecuencia una marejada alta se veían unas olas igualmente altas, día nublado, lluvia y frio, en fin todo en contra. Los rostros de los compañeros se veían aterrados, angustiados y algunos llorando.

El grupo que estábamos en la parte del helipuerto era la mayoría del personal y otro se encontraba en las oficinas dando los avisos pertinentes así como tratando de encontrar una solución al descontrol del pozo. Poco después una de estas personas subió a tranquilizarnos y a informarnos lo que estaba ocurriendo, nos dijo que ya habían avisado a tierra y que iban a mandar auxilio, también que un grupo de compañeros iban a pasar al otro lado del pozo a tratar de cerrar una válvula y controlar la fuga, que todos tuviéramos nuestro equipo de respiración autónoma cerca por si lo llegáramos a necesitar, en fin creo que todo esto nos alarmó, pero no nos quedaba otra más que esperar.

Empezó a pasar el tiempo y el miedo se apoderaba cada vez mas de nosotros, cerca se encontraban dos mujeres que ya estaban incontroladas llorando y por ahí se acercó el doctor a tratar de consolarlas y que mantuvieran la calma, muchos se fueron a unos de los extremos del helipuerto y agachados, agarrados de la red que cubre a éste, se ponían cara al viento para que les pegara y sentir alivio, supongo. Otros nos acercamos a tomar un café, ahí cerca, pero recuerdo que ni con este me tranquilizaba y si con una enorme angustia, pensando en lo que podría pasar de no llegar a controlar la situación.

No sé cuánto pero debieron haber pasado como dos horas cuando de repente dejamos de escuchar ese ruido ensordecedor y vino una calma, sorprendidos todos nos cabíamos de alegría, porque suponíamos que se había solucionado el problema de la fuga, y todos comenzamos a gritar y abrazarnos muy contentos de que todo había sido un mal momento. Al poco rato subió una persona a informarnos que al parecer habían controlado la fuga, pero que permaneciéramos en nuestros lugares hasta que se nos avisara que ya no había ningún peligro, también nos dijo que ya una embarcación venia en nuestro auxilio por si se requería y que los helicópteros no se podían acercar debido a la condición en que se encontraba la plataforma de inminente incendio. Y ahí nos quedamos, empecé a ver que unos compañeros subieron a evaluar el estado de la plataforma, sobre todo en cuando a echar a andar nuevamente los motogeneradores ya que estaban bañados de aceite y crudo. Las condiciones climatológicas seguían igual, el viento y marejada muy fuertes y la plataforma continuaba moviéndose hacia un lado y hacia otro.

¡Oh! gran sorpresa cuando estando ahí parados, se vuelve a activar ese gran ruido, ahora mucho más fuerte y con un olor penetrante a gas, todos procedimos a colocarnos los equipos de oxigeno que ahí teníamos preparados y ahora si con nuestros semblantes mucho más aterrorizados. Entre gritos escuché que al parecer la plataforma había golpeado a otra válvula ocasionando nuevamente el descontrol del pozo y ahora si tendrían que tomar una sola decisión que era la de abandono de plataforma.

No pasó mucho tiempo cuando fueron a informarnos que todos procediéramos a la balsa que teníamos para abordarla. Todos en completo orden procedimos a formarnos y subir a la balsa No. 1, recuerdo que yo subí como a la mitad del total que estábamos asignados a esta balsa que éramos como 41 personas. Estando dentro con nosotros pude reconocer al doctor, al administrador, al capitán, supervisor de Pemex, entre algunos. Ahí dentro ya había puestos asignados, como quien iba a hacer el descenso de la mandarina (balsa) así como quien la iba a tripular. Sentados todos en círculos, colocados nuestros cinturones de seguridad y formando una especie de gradas esperando a ver qué era lo que nos deparaba nuestro destino.

Tomando en cuenta que la plataforma ya estaba en posición de trabajo la altura a la que nos encontrábamos era de más o menos 30 metros. Y ahí inicio el descenso fue lento pero muy seguro hasta que tocamos el mar e inmediatamente el piloto de la balsa echó a andar el motor y salimos navegando fuera del área de la plataforma, en cierto momento me sentí aliviado pensando que estábamos salvados, porque a lo lejos veía por una de las escotillas de la mandarina la plataforma con una cierta inclinación no normal, también veía una nube a su alrededor. Ahora venía otro gran problema como nos iban a rescatar con las condiciones tan extremas que había del tiempo, todavía se alcanzaba a ver en el rostro de todos temor y angustia y todos permanecimos callados. Con los radios que llevábamos se empezaron a comunicar con la única embarcación que estaba en cercanías y que sería la que nos auxiliaría. De la otra balsa no supimos nada o al menos yo no escuché hacia donde se dirigía.

Calculo que nos alejamos entre 2 a 3 kilómetros de la plataforma siniestrada, distancia suficiente por cualquier explosión o incendio, de ahí se estuvo en contacto con la embarcación que nos iba a rescatar, también recuerdo que debieron haber pasado 2 horas y serían aproximadamente las 3 de la tarde cuando una persona gritó que el barco se acercaba para hacer el rescate y que teníamos que salir, uno a uno nos colocamos fuera de la mandarina, agarrados del barandal formando un circulo, ahí parado pude darme cuenta de la situación a la que nos enfrentábamos, las olas eran gigantes, subíamos y bajábamos sin control, perdiendo el horizonte a cada instante, a lo lejos veía la plataforma y también el barco que se acercaba, que la fuerza del mar lo movía, levantándolo como una cascara de nuez, metiéndose las olas a su cubierta por todas partes, también pude ver como los marineros del barco hacían esfuerzos por mantenerse en pie en la cubierta y como una entrada de agua fue tal que arrancó a uno de ellos sacándolo fuera y vi como a lo lejos iba flotando una cabecita, haciendo señas para que lo rescataran lo que lógicamente hizo su capitán procediendo a tratar de rescatarlo, pero ya no vi más, porque en eso una de esas olas nos golpea de tal forma que todos caímos al mar, estos momentos no se me van a olvidar, fueron segundos los que yo me vi en el fondo, luchando por salir a la superficie, fue una impresión más que tuve de muerte – la primera fue en la plataforma cuando nos colocamos las máscaras de oxígeno para evitar aspirar el gas, un gas letal, que en segundos muere uno.

Cuando salí a flote vi a algunos compañeros igual que yo a la deriva y como la fuerza de las olas los alejaba de mi vista y yo alcancé a ver la mandarina cerca, así que empecé a nadar hacia ella y con la ayuda de algunos compañeros que ya se encontraban ahí me ayudaron a subir y pude meterme dentro a tratar de recuperar las fuerzas, porque el esfuerzo me había dejado agotado. Dentro pude ver a no más de 8 personas y tal vez 1 o 2 fuera -que no me explico cómo se mantenían sin caerse – de los demás quedaron a la deriva flotando dentro del mar. Ahí nos vimos cansados, unos vomitando, con una expresión indescriptible para mí, porque era de miedo, mucho miedo, sin poder aceptar la realidad que estábamos viviendo. Para nuestra desgracia la balsa se estaba inundando y como pudimos empezamos a desalojarle el agua y por una de las escotillas que uno de los compañeros que se encontraban fuera, abría y cerraba cuando venia una ola para que no se le metiera más agua. Así tardamos buen tiempo relevándonos porque el cansancio era muy grande y ya algunos compañeros estaban acostados sin fuerzas, mareados porque para estos momentos la mandarina estaba sin control, a la deriva, dejándose llevar por la fuerza de la marejada que nos movía sin control.

No recuerdo el tiempo que pasó, nosotros seguíamos sacando agua de dentro ya que era nuestra único medio de salvación y pensábamos que si dejábamos que se metiera mas pues se iba hundir y entonces si no sabíamos que iría a pasar. De pronto uno de los compañeros que se encontraban fuera gritó ¡ahí viene el barco! ¡Salgan, salgan fuera! Yo nunca quise quedarme dentro así es que salí nuevamente junto con los demás compañeros que estaban dentro y ahí pude ver al barco ya demasiado cerca de nosotros, vi como los marineros traían una cuerda preparada para arrojárnoslas y así jalarnos hacia ellos. La fuerza de las olas era impresionante, el barco subía y bajaba sin control, el capitán trataba de controlar el barco para que no se nos fuera a echar encima, de pronto siento que llega a mis manos un extremo de la cuerda y me gritaban ¡amárrala, amárrala al barandal de la balsa! Como pude le di una vueltas con una mano y con la otra me sostenía firmemente para no caerme ya que la balsa se movía sin control. Para estos momentos debimos haber estado a metros cerca uno de otro, tan cerca que llegue a pensar en saltar hacia el barco, aunque demasiado tarde porque fue tanto que terminó por golpearnos y fue todo ya que nuevamente me sentí en la profundidad del mar, tratando de luchar por salir a flote, porque en el fondo veía hacia arriba la claridad, una vez más le pedía a Diosito que me dejara vivir, que en el agua no quería morir, quería que terminaran esos momentos de un terror de muerte muy grande para mí. Cuando salí, a lo lejos pude ver la mandarina volteada hacia arriba y como algunos compañeros se aferraban a ella tratando de subirse así como estaba. Nuevamente empezó mi lucha por sobrevivir, en unos momentos vi cual era mi situación y que el único medio para salvarme era el barco que continuaba cerca de mí. Como podía les hacía señas, gritaba, nadaba hacia ellos, tratando de llamar su atención para que me vieran y me rescataran, pero ellos estaban tratando de auxiliar al grupo donde había mas náufragos así es que no me hicieron caso. Ahora que lo pienso no sé si fue mejor porque así como estaban las condiciones en el rescate podía haber terminado aplastado por el barco, pero Diosito me tenía preparado otro plan.

Continuaba, hacia señales al barco, cuando escuché ahí cerca que unos compañeros me gritaban que me aproximara hacia ellos, desistí de mis movimientos y preferí aproximarme a ellos, nadando con todas mis fuerzas logré alcanzarlos, porque las olas parecía que los alejaba de mí. Ahí con ellos me sentí aliviado, me agarré fuertemente a sus overoles para que no me separaran la fuerza de las olas. En realidad no los conocía, ni ellos tampoco pero que tenían rato gritándome ¡negro, negro, acércate aquí! ¡Ven con nosotros!

Ya sintiéndome más aliviado pude ver que eran tres compañeros, todos de Pemex, me tranquilizaron, me dieron ánimo, me dijeron que no nos soltáramos, que juntos nos podrían ver más para auxiliarnos, también que así nos daríamos más valor para sobrevivir. Así fue permanecimos juntos, a flote, a la deriva de las olas que nos iban alejando cada vez mas de la plataforma siniestrada. A lo lejos veíamos al barco tratando de rescatar a compañeros, la plataforma arrojando una especie de humo, y también hacia donde nos arrastraba la mar veíamos unas plataformas similares a la que habíamos estado. Esto nos dio una inmensa alegría porque todo indicaba que si manteníamos esa dirección podríamos agarrarnos de las patas de las plataformas y ya ahí nos rescatarían más fácilmente, pero esto quedó en nuestras cavilaciones que hacíamos, porque la realidad era otra.

Y es que conforme íbamos acercándonos a las plataformas notábamos que la corriente nos iba alejando, por lo que uno de los compañeros nos dijo que teníamos que nadar todos juntos hacia la plataforma, y así fue como empezamos a luchar contra la fuerza de las olas y la corriente que nos arrastraba en sentido contrario hacia donde nosotros considerábamos que era nuestra salvación. Recuerdo que la corriente nos llevaba hacia la izquierda y nosotros teníamos que nadar al lado contrario, y tomando en cuenta que las olas eran tan altas y frecuentes lo poco que avanzábamos nos regresaba casi de inmediato además de que cuando se acercaba una ola estas eran tan grandes que nos golpeaban directo en la parte de atrás de la cabeza, haciéndonos tragar agua, y en esos instantes que pasaba teníamos que agarrarnos con mucha más fuerza para no soltarnos uno de otro. La tarde era fría, con lluvia, el viento no cedía en su fuerza, y las olas nos alejaban de nuestro objetivo. No sé cuánto tiempo tardamos haciendo un gran esfuerzo por acércanos a las plataformas, inútilmente, porque a cada momento las veíamos en otra dirección.

Ahí callados en la inmensidad del mar, permanecimos los cuatro, pensando tal vez en cual sería nuestro destino, recapacitando en la vida que habíamos llevado hasta el momento, aunque muy alertas porque las olas en ningún momento nos dejaron descansar, siempre estuvimos en movimiento, sobre todo las piernas, para no sentir frio, y pues del hambre ni nos acordábamos. Había un compañero que lo identifico como el líder, porque siempre nos animo, a no dejarnos vencer, a continuar nadando, a no perder la esperanza de que nos iban a rescatar, pero en mi interior me decía que si esto no ocurría con luz de día de noche sería imposible.

Anochecía y en el horizonte ya no veíamos nada, excepto las olas como venían una tras otra, continuábamos a la deriva, arrastrados por la fuerza del mar, nuestra esperanza de ser rescatados disminuía, aunque de pronto escuchamos el ruido de helicópteros, que así como estaban las condiciones salieron a buscar sobrevivientes, porque supongo que para estos momentos nuestro accidente ya se había dado a conocer y se había iniciado la búsqueda. Esto nos dio nuevos ánimos pensando en que tarde o temprano nos verían aunque nunca pensé que tardaría tanto.

Nuestras fuerzas iban disminuyendo o al menos las mías, venia tragando agua salada ya desde hace buen rato lo cual me produjo vomito, sentía mucha sed, atontado por el golpe constante de las olas en la nuca y al mismo tiempo tener que agarrarme fuertemente del compañero. Uno de ellos se quejaba de su brazo que al parecer se había lastimado cuando salió de la mandarina, también venia vomitando frecuentemente, porque el chaleco salvavidas se le subía demasiado haciéndole tragar constantemente agua. Pero ante todo esto no sé de donde sacábamos fuerzas, porque veíamos que los helicópteros se aproximaban mas a nosotros, veíamos sus reflectores y como volaban en círculos, en nuestra dirección. Uno de los compañeros tenía una especie de luz fluorescente que la alzaba para que nos pudieran ver. Ya cuando los veíamos que estaban cerca hacíamos señas, gritábamos, tratábamos de llamar su atención, inútilmente también, porque tal vez uno o dos helicópteros fueron los que se aproximaron mas a nosotros, pero no me explico porque no nos veían, tal vez la altura a la que volaban, la oscuridad, las olas que nos hacia subir y bajar hasta 10 metros, o la inmensidad del mar, no sé, pero ahí seguíamos siempre tratando de sobrevivir a estas condiciones tan extremas en las que estábamos. Llegó el momento en que dejamos de escucharlos y también de ver sus reflectores y pensamos que habían abandonado la búsqueda, calculo serían como las 11 de la noche, y nos sentimos abandonados, desilusionados, perdidos en esa inmensidad del mar.

El mar nos siguió arrastrando por esas enormes olas, las cuales nos mantenían siempre alertas, de hecho uno de los compañeros siempre nos avisaba cuando venía una para que nos agarráramos fuertemente. Para estos momentos nos sentíamos muy cansados, con hambre, sed, sueño y para mi mala fortuna me empezó a dar diarrea y el vomito no paraba. Recuerdo que vino una ola grandísima la cual me separó de los compañeros llevándome muchos metros lejos de ellos, cuando salí a flote -porque estas olas nos revolcaban hundiéndonos completamente- pude verlos y escucharlos que me gritaban, como pude me armé de fuerzas nadando hacia ellos e igualmente ellos hacían lo mismo, hasta que logré nuevamente alcanzarlos. Después de ese esfuerzo tan grande que hice no supe cómo, pero me agarré nuevamente del compañero y me decían que no me soltara, que ahí los cuatro teníamos que seguir, que no nos íbamos a separar y que ellos no me iban a abandonar. Ahí en mis adentros le imploraba a Diosito que me dejara vivir, que no quería morir en el agua, estar con mi esposa, ver a mis hijos crecer, que todavía me necesitaban, que me permitiera abrazarlos y decirles cuanto los quería, llegue a un momento en que me sentí desfallecer y que sin embargo algo dentro de mi me daba fuerzas; no sé cómo explicarlo, pero seguía en movimiento sobre todo mis piernas que nunca pararon de moverse.

Las horas pasaban lentamente; y es que uno de los compañeros llevaba un reloj y a él le preguntábamos, pero una de esas olas que nos golpeaban se lo desprendió y ya no supimos mas del tiempo, pero serían como las 2 de la mañana cuando eso pasó. Fue en este momento cuando nos derrumbamos los cuatro, uno a uno nos encomendamos a Diosito, llorando de desesperación cada uno nos arrepentimos de lo malo que habíamos hecho y le suplicamos a Diosito nos perdonara y le prometíamos cambiar, ser mejores padres, mejores esposos, mejores amigos, alejarnos de los vicios, pero que nos dejara vivir.

El compañero líder me vio tan débil que me metió su brazo debajo del mío, porque ya no tenía fuerzas, y así me llevó hasta que me recuperé un poco. Durante ese tiempo me brindo su protección la cual le estaré eternamente agradecido aunque igualmente hizo lo mismo con otro compañero que también se sentía igual, su chaleco se le subía demasiado hacia su cuello y lo hacía tragar mucha agua y por consiguiente vomitar constantemente; incluso se le llegó a aflojar tanto que temía se le soltara por lo cual nos agarramos todos mientras uno de nosotros lo apretaba y lo mismo hacíamos con cada uno de nosotros porque la fuerza de las olas nos lo aflojaban.

Este compañero siempre nos alentó, para él, nosotros éramos como su responsabilidad y decía que no nos iba a dejar, juntos nos salvaríamos, que teníamos que seguir, no desesperarnos, que cuando llegara la mañana se iniciaría nuevamente la búsqueda, en fin nos daba ánimos. Y así nos llego la luz del día, el tiempo seguía igual, nublado y con lluvia, el viento todavía muy fuerte y las olas ahora sentíamos que nos pegaban con más fuerza. Recuerdo que para calmar un poco mi sed levantaba mi cara y las pocas gotas que me caían en la boca me reconfortaban. Todos vimos ahora la claridad, como soportamos la noche sin dormir, no sé, pero nos mantenía un deseo muy grande de sobrevivir. De pronto uno de los compañeros grito ¡veo la playa! ¡Veo tierra! Hasta ese momento comprendí que las olas nos habían llevado hacia la costa y pude confirmarlo cuando una de las olas me llevó hasta su parte más alta y vi la línea de tierra, esto nos dió nuevamente ánimos porque nos creíamos salvados; aunque aun estábamos muy lejos de esta suposición.

Nuevamente el compañero líder nos empezó a motivar, a no desanimarnos, a seguir echándole ganas, aunque ahora veíamos las olas que al acercarse a tierra rompían con fuerza produciendo un fuerte ruido y se hacia un agua espumosa y revuelta con arena y nos decía el compañero que ahí era la línea de rompeolas que si la cruzábamos estaríamos del otro lado a salvo. Serían como las 7 u 8 de la mañana y calculo que nos encontrábamos de la playa como a unos 1000 o 1500 metros, realmente la veíamos muy cerca, pero la corriente nos arrastraba hacia la parte más lejos por lo cual el compañero para motivarnos nos decía que viéramos en la playa que ahí estaban nuestras esposas y nuestros hijos y que nos llamaban para que fuéramos hacia ellos, que nadáramos juntos para cambiar un poco la dirección y acercarnos más hacia la playa, y así lo hacíamos sacando fuerzas, nadando y nadando, aunque inútilmente, pero nosotros no parábamos.

Y nos animábamos, porque veíamos que a lo lejos la búsqueda con helicópteros se había iniciado nuevamente, pasaban volando por toda la línea de la costa, uno, otro y otro más –sin imaginarme que lo que buscaban, más que sobrevivientes era ahogados- y nosotros estábamos todavía demasiado lejos para que nos vieran. Las horas siguieron transcurriendo y nosotros seguíamos intentando cruzar la línea de rompeolas sin ningún resultado, y todavía más cansados. Le pedíamos a Diosito que no nos abandonara ahora que ya estábamos tan cerca, que desviara a uno de los helicópteros para que nos viera, pero todavía no llegaba este momento.

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Las horas siguieron pasando y nosotros ahí seguíamos, luchando por sobrevivir bajo esas condiciones tan extremas; tanto que ahora ya no sentíamos los movimientos de subir y bajar con las olas, el sueño mucho menos, el hambre o la sed tampoco; ahora estábamos con esa ilusión tan cercana de nuestra salvación, porque veíamos la playa, las palmeras, la tierra que yo bajaba lo mas que podía los pies para ver si la sentía, pero era inútil, ahí seguíamos flotando y flotando; pasando mas y mas horas, pero nunca nos resignamos; Dios nos dio fuerza, ánimo para sobrevivir, también las oraciones de nuestras familias y tanta gente que nos conoce que hizo que Diosito intercediera por nosotros, porque ahora que lo relato no encuentro ninguna otra explicación más que esa, que Dios en su inmensa misericordia nos envió esa luz de vida que todavía no se apagaba, que todavía teníamos una misión más que cumplir.

Y así fue cuando por fin uno de los helicópteros que pasaba cerca se desvió de su ruta y nos logró ver, nuestra alegría fue inmensa, de gritos y llanto al mismo tiempo, alzábamos los brazos llamando la atención de los pilotos y empezaron a volar en círculos tratando de no perdernos, después intentaron bajar un poco más para visualizar las condiciones en las que estábamos o no entendimos si lo que querían era que nos subiéramos a los esquís del helicóptero y así rescatarnos, cosa que no nos agradó porque la fuerza de sus hélices levanto todavía más agua que nos hizo tragar más de la que ya teníamos, temiendo nos ahogara, por lo que mejor optamos por indicarles mediante señas que subieran porque así no lo íbamos a lograr y creo que si lo entendieron porque subieron nuevamente y continuaron dando vuelta en círculos y nosotros abajo hacíamos comentarios de que ellos también se ponían en peligro porque las olas podían haberlos derribado. En fin ahí seguíamos esperando ver la forma en la que nos rescatarían, y no pasó mucho tiempo cuando vimos que nuevamente bajaron un poco mas y desde ahí nos lanzaron su balsa salvavidas de emergencia; que al caer al mar nos llegó volteada e inmediatamente los compañeros procedieron a acercarse a esta y la atraparon logrando ponerla en su posición correcta y fue en estos momentos donde nos separamos y una vez más fui presa de la fuerza de las olas las cuales me arrastraron lejos de ellos, pero todavía no llegaba mi hora, porque por extraño que parezca sentí en mis manos una cuerda que era de la balsa la cual agarré con tal fuerza que me ayudó para ir hacia donde estaban los demás y ya algunos de ellos se encontraban dentro, como pude llegue y mis compañeros me ayudaron a subir, dentro ya nos sentimos salvados e inmediatamente empezamos a buscar agua o algo que comer y lo primero que encontramos fueron unas galletas y todos las compartimos. Después sentimos como los pilotos del helicóptero empezaron a mover la balsa por medio de la fuerza de las hélices y fue en cosa de 3 intentos que hicieron cuando por fin tocamos tierra. En la playa se encontraban gente dispuesta a ayudarnos porque nos veían muy mal y dos personas una de un lado y otra del otro nos llevaron hacia la playa y empezaron a interrogarnos de cual era nuestro nombre y de qué compañía éramos, porque supongo que ellos esperaban encontrar también a sus familiares. No tardamos mucho ahí porque inmediatamente el helicóptero que nos salvó bajo ahí mismo y nos indicaron que subiéramos que nos trasladarían hacia el puerto de Ciudad del Carmen.

Creo que mi mente todavía no alcanzaba a comprender esta situación a la que me había enfrentado o era la fuerza que nunca nos abandonó, pero ahí a bordo del helicóptero íbamos los cuatro juntos así como nos decía el compañero que siempre nos animó, que no nos dejaría, que teníamos que salvarnos todos, y así fue gracias a Dios. Los pilotos empezaron a preguntarnos nuestro nombre y ficha uno por uno y él lo iba reportando por radio, el vuelo no tardó porque en unos minutos ya nos encontrábamos en el helipuerto, y ahí nos esperaba gente tratando de entrevistarnos y algunos se acercaron con agua, otros con cobertores, pero yo todavía no sabía las condiciones físicas en las que estaba. Ahí nos esperaba una ambulancia la cual nos trasladó al hospital naval, trayecto del cual recuerdo perfectamente porque iba en un ulular constante, llevando consigo a sobrevivientes de un accidente en el mar, el cual todavía no estaba enterado, pero ya había cobrado la vida de muchos compañeros a los cuales hoy les brindo un mensaje de paz dondequiera que estén y que Dios los tenga en su gloria y que a sus familiares los reconforte y los ayude a superar esa pérdida tan grande de un ser querido.

Este es mi relato de vida y de cómo después de tantas horas de lucha pudimos sobrevivir y poderles contar la experiencia y que sea para bien de quien la lea.

3 Comentários:

Anónimo dijo...

Gracias a Dios y a su poder infinito estas con vida y en compañia de tus seres queridos; tienes una mision que cumplir. Y a ese compañero que siempre les animo a seguir con fè, Dios le dio el entendimiento y la fuerza para hacerse presente entre ustedes.... Dios estuvo con ustedes en todo momento. Y que Dios tenga en su santa gloria a los compañeros caidos.

Anónimo dijo...

EL QUE NARRA POBRECITO, DESCONOCE MUCHO DE LAS OPERACIONES

javier enrique dijo...

Muy trizte y me izo reflexionar tambien trabajo en altamar

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